La muerte de Anna Katharina Emmerick y su profecía de los 2 Papas

La muerte de Anna Katharina Emmerick y su profecía de los 2 Papas

El misticismo siempre ha sido un tema capaz de dividir la opinión pública en dos macrogrupos: los que creen en la capacidad de unos “elegidos” para ponerse en contacto con lo divino y, por tanto, de revelar acontecimientos futuros, frente a los escépticos. , lo que pone en duda la posibilidad antes mencionada por carecer de base científica.

En este artículo, sin embargo, no entraremos en los detalles de la controversia, pero hablaremos de una profecía que ha involucrado a los teólogos durante siglos:

El advenimiento de los dos Papas profetizado por la mística Anna Katharina Emmerick el 13 de mayo de 1820

Sabemos de Anna Katharina Emmerick que nació el 8 de septiembre de 1774 en Coesfeld, una localidad alemana que hoy cuenta con 37.000 habitantes. Procedente de una familia campesina muy numerosa, fue la quinta de nueve hijos, Anna tuvo que adaptarse a los trabajos más humildes desde niña para contribuir al sustento de la familia, que se encontraba en condiciones de penuria económica y, por ello, se vio obligada a abandonar la escuela. En el corto período en el que asistió a las lecciones escolares, los padres y maestros se dieron cuenta de la fascinación que los temas inherentes a la religión despertaban en la niña y, muy pronto, la pequeña expresó la voluntad de convertirse en monja, de dedicarse únicamente a la oración y especial devoción a la Virgen María que, como ella, nació el 8 de septiembre. Fue en ese momento que además de trabajar en el campo, Anna comenzó a dedicarse a la costura, con el fin último de realizar su sueño de entrar en un monasterio. Dado que la niña no poseía ninguna dote particularmente fuerte, muchos monasterios rechazaron su candidatura.

La casa donde vivía Anna Katharina Emmerick. Fotografía vía Wikipedia:

En 1802, sin embargo, el monasterio de Sant’Agostino aceptó que la joven ingresara como novicia. Para seguir su vocación, Emmerick, se mudó a Dulmen. En los nueve años que siguieron, después de tomar sus votos, Anna se dedicó con fervor a la fe ya la vida enclaustrada: a menudo asumiendo tareas muy pesadas, a pesar de su precario estado de salud. Fue en 1811 cuando el monasterio de Sant’Agostino fue suprimido y la monja se vio obligada a pedir a un sacerdote que había huido de Francia, Abbè Lambert, que lo aceptara como doncella.

Mientras tanto, la salud de Anna Katharina se deterioró visiblemente y se vio obligada a quedarse en cama debido al insoportable dolor que sufría.

Dolor que fue el precursor de los estigmas y otros dones sobrenaturales como la levitación, la adivinación y el éxtasis.

Los detalles más destacados del talento de la mística alemana fueron fijados, en un diario, por el médico que fue a visitarla, Franz Wesener, que resultó ser, para la monja, un amigo fiel y cariñoso. Un detalle que no debe subestimarse fue el amor que Anna Katharina tenía por las personas en general y, en particular, por los pobres y marginados, a los que ayudó acogiéndolos, rezando, brindándoles consuelo, ánimo y cosiendo ropa para los niños.

De gran importancia fue el encuentro con el poeta y escritor Clemens Brentano, que tuvo lugar en 1818. Clemens estaba tan fascinado por la monja que recopilaba diariamente las visiones de Anna Katharina en una obra sobre la Pasión de Cristo, la “El amargo sufrimiento de nuestro Señor Jesucristo”.

En el verano de 1823 las condiciones del místico se hicieron cada vez más críticas y las visiones, de las que han permanecido numerosas profecías, cada vez más frecuentes. Entre las revelaciones más evocadoras de la monja se encuentra ciertamente la Pasión de Cristo descrita en cada detalle y de una manera sorprendentemente realista, cuyo dolor fue víctima el corazón de la Virgen María al ver el cuerpo destrozado de su hijo mientras lo acompañaba en el camino de cruzar.

Anna Katharina Emmerick murió el 9 de febrero de 1824, y las personas que asistieron a su funeral fueron muchas tras el rumor de que el cuerpo de Anna había sido robado. La tumba, en los días que siguieron, se abrió dos veces “descubriendo” en cambio que el cuerpo estaba intacto y en su lugar. El 3 de octubre de 2004, Anna Katharina Emmerick fue beatificada por el Papa Juan Pablo II.

Como sabemos, Anna Katharina, tras recibir el don de los estigmas, empezó a tener cada vez más frecuentes premoniciones que, muy a menudo, tenían en el centro el destino catastrófico de la Iglesia occidental. Imágenes de violencia, corrupción y decadencia gradual nublaron la mente de la monja. Estas profecías nos han llegado y que, casi 200 años después de la muerte del santo, fascinan e intrigan a fieles y teólogos de todo el mundo. El 13 de mayo de 1820 Ana, débil y enferma, confesó haber visto, en un momento de éxtasis, la futura convivencia de dos Papas.

Abajo, Anna Katharina Emmerick pintada por Gabriel von Max en 1885:

Estas fueron sus palabras: “[…]También vi la relación entre los dos Papas. Vi cuán espantosas serían las consecuencias de esta falsa Iglesia. Lo he visto aumentar de tamaño; herejes de todo tipo llegaron a la ciudad (de Roma). El clero local se volvió tibio y vi una gran oscuridad”.

Estas afirmaciones de los bienaventurados siguen siendo hoy uno de los muchos enigmas que se esconden detrás de la religión cristiana. Hay que decir que, en este preciso período histórico, en el que conviven dos Papas, la profecía de Emmerick parece haberse cumplido.

Cuando se trata de profecías, sin embargo, cada palabra debe tomarse con tenazas y, precisamente en este sentido, hoy en día, hay quienes sostienen que las palabras de la monja no se referían a cuál es la situación actual que ve el trono pontificio del Papa. Francisco elegido tras la dimisión de Benedicto XVI. Algunos teólogos creen, de hecho, que la profecía de Emmerick se refiere a la dramática situación de la Iglesia en el siglo XIX, y que los Papas a los que se refiere fueron Bonifacio IV (550-615), el sexagésimo séptimo pontífice de la Iglesia católica que vivió en el milenio anterior, y Pío. VII (1742-1823), pontífice de 1800 a 1823, dos papas a los que la mujer admiraba profundamente pero que, evidentemente, no habrían podido convivir en el Quirinal o en el Palacio de Letrán. El enigma sigue siendo, por ahora, un caso sin resolver en el centro de estudios en profundidad y controversias.

Para saber más, este es el libro “La profecía de los dos papas” de Saverio Gaeta:

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