La Historia de Antilia: la isla medieval perdida del Atl√°ntico

La Historia de Antilia: la isla medieval perdida del Atl√°ntico

En varios mapas del siglo XV, al oeste de las Azores, aparece una misteriosa isla de forma rectangular, no presente en los actuales. Durante alg√ļn tiempo permaneci√≥ en los mapas europeos, especialmente italianos y portugueses, al menos hasta el siglo XVI, cuando el Atl√°ntico ahora se exploraba ampliamente.

Los primeros en nombrarla fueron los hermanos Domenico y Francesco Pizzigano, cartógrafos venecianos, en un libro piloto fechado en 1367. La inscripción, que el paso del tiempo hizo difícil de leer, ha sido objeto de diversas interpretaciones.

Algunos lo refieren a Antilia, una tierra con grandes estatuas que se elevan frente a sus costas; otros ven solo una referencia a los pilares de Hércules

La isla aparece por primera vez en el mapa de 1424, de Zuane Pizzigano, probablemente hijo de uno de los dos hermanos, acompa√Īado de otras islas: Satanazes, Saya y Ymana, dos rojas y dos azules.

No sabemos el motivo de esta representación ni si tuvo un significado preciso o no, pero ciertamente influyó mucho en los trabajos de sus contemporáneos, que copiarán muchos aspectos de su obra. En aquellos días, el océano era todavía una vasta extensión desconocida, el escenario de los cuentos marineros más imaginativos, y solo unos pocos llegaban tan lejos.

En las siguientes décadas lo encontramos en otros mapas, entre los que se encuentran los de: Battista Beccario, 1435; Andrea Bianco, 1436; Bartolomeo Pareto, 1455; Martin Behaim, 1492.

En el mapa de Beccario se definen como ‚Äúislas recientemente reportadas‚ÄĚ. En el libro piloto de Bianco, el grupo Antilia se dibuja en el borde del mundo conocido, que se vuelve cada vez m√°s inexacto a medida que uno se aleja del Mare Nostrum. Despu√©s de todo, no es de extra√Īar, la Europa mediterr√°nea era la zona m√°s conocida y explorada en ese momento. Desde la antig√ľedad se desarroll√≥ un comercio realmente vivo en esas aguas; las grandes civilizaciones cl√°sicas realizaron un excepcional trabajo cartogr√°fico, al que se refer√≠an los cart√≥grafos medievales, mientras que en las regiones lejanas no exist√≠an culturas con una tradici√≥n cartogr√°fica similar, y los ge√≥grafos, aunque hicieron todo lo posible por proponer mapas mejores y m√°s precisos, a la chocando con el muro del desconocimiento sol√≠an hacer uso de otros mapas o, en algunos casos, de la imaginaci√≥n, acompa√Īados de ‚Äúrumores‚ÄĚ.

La siguiente representaci√≥n la realiz√≥ el genov√©s Bartolomeo Pareto. La isla grande es azul esta vez, con un gran golfo al sur, tres al oeste y cuatro al este. La inspiraci√≥n de la tarjeta Pizzigano es evidente. La forma y las entradas son casi id√©nticas; el tama√Īo es m√°s o menos equivalente al de Portugal, casi como si fuera su proyecci√≥n en medio del oc√©ano.

Un punto fundamental en com√ļn entre los mapas es la posici√≥n de Antilia, en el l√≠mite de la porci√≥n conocida del oc√©ano, donde t√≠midamente ocupa un lugar destacado en la cartograf√≠a del siglo XV. En el siglo XIV los marineros animaron esa exploraci√≥n oce√°nica iniciada por sus antepasados. Los archipi√©lagos atl√°nticos ya descubiertos por fenicios y romanos fueron ocupados; Los genoveses, portugueses y espa√Īoles intentaron burlar el monopolio turco-veneciano del mar y de las rutas orientales, e identificar otro camino que condujera a las riquezas de los pa√≠ses orientales descritos por Marco Polo.

Muchos barcos partieron para no regresar nunca

Los más afortunados reaparecieron en su tierra natal llenos de historias. Los hombres hablaban de islas y monstruos idílicos. Algunos aseguraron haber encontrado a Antilia, los más honestos admitieron que ni siquiera la habían visto.

Seg√ļn la leyenda, relatada por Martin Behaim en el globo terr√°queo de 1492: “en el a√Īo 734 despu√©s del nacimiento de Cristo, cuando toda Espa√Īa fue invadida por los incr√©dulos de √Āfrica, esta Isla de Antilia, tambi√©n llamada Isla de las Siete Ciudades, fue poblada por el arzobispo de Oporto con otros seis obispos, y algunos compa√Īeros, hombres y mujeres, huyeron de Espa√Īa con su ganado y sus propiedades. En el a√Īo 1414 un barco espa√Īol se acerc√≥ mucho a esta isla‚ÄĚ.

Varios marineros la buscaron sin éxito. Entre ellos recordamos a Diogo de Teive (1451) y Fernão Dulmo, uno de los primeros pobladores de las Azores, quien obtuvo, por concesión del rey de Portugal, en 1486, el derecho a la posesión de las tierras que habría encontrado al oeste de las Azores. Se creía ampliamente que había otras islas al oeste antes del Catay, opinión alimentada por los troncos de madera que llegaban allí, llevados por los vientos del oeste y la fuerte corriente.

Paolo Toscanelli hablar√° de Antilia, en una carta a Fernando Mart√≠nez, como una isla conocida, muy conocida por los portugueses. Al describir el viaje desde Portugal a las Indias Orientales, dice: “desde la isla de Antilia que llam√°is de las siete ciudades, de las que ten√©is noticias, hasta la isla cultivada de Cipango, dos mil cincuenta millas‚ÄĚ.

Se mostraron “ciertos” datos, basados, sin embargo, en las fantas√≠as de sus predecesores

Cristoforo Colombo, seg√ļn su hijo Ferdinando, en el primer viaje, esperaba encontrar esta isla para poder refrescarse, como lo menciona Toscanelli, en la carta de 1474, como conveniente parada en la ruta a la Catay. Por tanto, podemos pensar que dif√≠cilmente habr√≠a intentado llegar a las Indias desde Occidente si no hubiera estado convencido de la existencia de esta isla, que, seg√ļn algunos estudiosos, estaba tan arraigada en la cultura geogr√°fica europea que podr√≠a haber dado su nombre al archipi√©lago. de las Antillas.

Seg√ļn Giovanni Caboto, los armadores de Bristol desde 1491 enviaron expediciones en busca de la isla: “desde hace siete a√Īos los de Bristol vienen armando, cada a√Īo, dos, tres, cuatro carabelas para visitar, seg√ļn la voluntad de este genov√©s ( Giovanni Caboto), la isla de Hy Brasil y la de las Siete Ciudades ‚ÄĚ.

Despu√©s del descubrimiento de Am√©rica, y con todos los viajes oce√°nicos que siguieron, los cart√≥grafos chocaron con la evidencia de la legendaria matriz de Antilia y comenzaron a hacerla desaparecer de los mapas. Uno de los √ļltimos en los que aparece es el de Johannes Ruysch, de 1507, situado en medio del Atl√°ntico, entre las Azores, Terranova y La Espa√Īola.

Un √ļltimo intento de hacer coincidir la realidad y la leyenda

La identificación de Antilia es ahora un tema de debate. Hay quienes la reconocen como una de las Azores, algunos como una de las innumerables islas del Caribe, otros todavía la consideran pura tontería. Por supuesto hay que tener en cuenta que en la Edad Media era una práctica habitual rellenar los huecos de los papeles con los cuentos y mitos del mar.

Pero, incluso si fuera solo una leyenda, ¬Ņes posible que esconda una pizca de verdad?

Responder a esta pregunta no es fácil, especialmente si se tiene en cuenta que no hay mucha información relacionada con su génesis; los mapas se realizaron en un período de transición entre la cartografía medieval, enriquecida con elementos fantásticos, y la cartografía moderna, más atenta a la realidad, aunque con algunas excepciones.

El ge√≥grafo Philippe Buache propuso la identificaci√≥n de Antilia con la isla de S√£o Miguel, asumiendo un error de los cart√≥grafos renacentistas o de los primeros navegantes que trajeron al continente informaci√≥n no del todo correcta, quiz√°s malinterpretada por sus oyentes. Es posible que esta informaci√≥n haya pasado de persona a persona, terminando siendo tergiversada y enriquecida con elementos imaginarios. Sin embargo, esta hip√≥tesis fue rechazada ya que Antilia, descrita como la m√°s occidental de todas las islas, no puede identificarse con San Miguel, que se encuentra entre las m√°s orientales. Antilia fue considerada la parada intermedia en el viaje entre Europa y las Indias, mientras que las Azores no estaban lejos del continente. La diferencia de tama√Īo entre las islas confirma a√ļn m√°s la negaci√≥n de esta hip√≥tesis.

¬ŅEs posible entonces aventurar otra hip√≥tesis? Despu√©s de las Azores no hay otras islas antes del Nuevo Mundo, y ciertamente no se encuentran islas tan grandes. Aqu√≠, entonces, donde entran en juego las Antillas y Am√©rica.

Algunos estudiosos atribuyen el descubrimiento de América a otros navegantes: Alfonso Sánchez de Huelva, Vincenzo Díaz, Antonio Leone, Diego Velásquez, Diego Tiene, entre otros. Sin embargo, todos estos son posteriores a Pizzigano, por lo que se supone, dando crédito al descubrimiento anterior de América, que estas tierras ya se conocían antes de 1424.

¬ŅHubo europeos que cruzaron el oc√©ano en la Edad Media?

Cuando los portugueses se adue√Īaron de la v√≠a africana, los espa√Īoles giraron hacia el oeste, y se sabe que Col√≥n, el “descubridor de Am√©rica”, investig√≥ mucho antes de irse, tanto que seg√ļn algunos investigadores, opuestos a la tradici√≥n acad√©mica, no se fue del todo a ciegas, pero ten√≠a un conocimiento bastante bueno, si no muy bueno, del camino por el que iba.

Quizás algunos marineros, arrojados a esas islas por las tormentas, a los que sólo miraron fugazmente, regresaron a los puertos europeos, dieron una descripción confusa de lo que habían visto, y los cartógrafos, refiriéndose a vagas descripciones, quizás incluso de segunda o tercera mano, esbozaron esta isla con una forma inusual.

Martin Behaim nos cuenta en su planisferio la historia de los siete obispos y de un barco espa√Īol que se acerc√≥ a esa isla en 1414. A su regreso, los marineros seguramente habr√°n empezado a correr la voz: noticias inexactas de una gran isla, rodeada de otras m√°s peque√Īas. , que ciertamente lleg√≥ a los o√≠dos siempre atentos de los cart√≥grafos que lo plasmaron en sus obras.

Sin embargo, no todos los geógrafos debieron haber recibido esta noticia, o quizás algunos simplemente no lo creyeron, lo cierto es que no hay muchos mapas en los que aparezca Antilia.

Después de los mapas del siglo XV rara vez será posible contemplar esta isla.

En el planisferio de Waldseemuller (1507), un poco más al oeste de la ubicación tradicional de Antilia (que ya no está presente) hay una tierra de forma similar, la Isla de Isabel. La similitud entre Isabella y Antilia sugeriría que las dos islas coinciden, pero no hay suficiente evidencia para dar crédito a esta hipótesis.

Por tanto, la duda permanece. ¬ŅPor qu√© los cart√≥grafos lo introdujeron en sus mapas como si estuvieran convencidos de su existencia? Hasta la fecha, quiz√°s la teor√≠a m√°s probable es la que ve no solo una historia que influye en la cartograf√≠a del Renacimiento, sino toda una serie de historias e influencias de diferentes or√≠genes, en su mayor√≠a inventadas, otras con elementos veraces. Los hombres, comparando su propia informaci√≥n e inspir√°ndose en el trabajo de otros, deben haber creado la leyenda de la isla perdida del Atl√°ntico, la isla de las siete ciudades, que siempre se mantuvo uniforme hasta su total desaparici√≥n.

La génesis de esta leyenda probablemente esté destinada a seguir siendo un misterio. Quizás nunca sepamos en base a qué elementos dibujaron los cartógrafos esa vasta masa flotante, o qué marineros que se aventuraron mar adentro enfrentaron fuertes corrientes y vientos impetuosos, que muchas veces los hacían perderse en ese inmenso desierto azul, en medio del mar. que, en la imaginación europea, era Antilia, la isla de las siete ciudades.

Fuentes: Wikipedia, Archive.org, Archive.org 2.

Todas las im√°genes son de dominio p√ļblico.

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