“Esp√≠ritus del tsunami”: las inquietantes historias de los supervivientes del tsunami de 2011

“Esp√≠ritus del tsunami”: las inquietantes historias de los supervivientes del tsunami de 2011

11 de marzo de 2011, 14.46 horas: un apocalipsis devasta la regi√≥n de TŇćhoku, Jap√≥n, en forma del terremoto m√°s poderoso jam√°s registrado en el pa√≠s (magnitud 9.1) y el consecuente tsunami.

El mapa del terremoto del 11 al 14 de marzo de 2011

Imagen de dominio p√ļblico a trav√©s de Wikipedia

Durante seis largos e interminables minutos, la tierra tiembla en la zona del epicentro. Luego viene el tsunami, que lo arrasa todo: personas, casas, autos, trenes, sin mencionar el desastre de la central nuclear de Fukushima. Por todas partes muerte y devastaci√≥n. Las estad√≠sticas actuales hablan de 15.703 muertos, 4.647 desaparecidos y 5.314 heridos, un da√Īo econ√≥mico cuantificado en m√°s de 200.000 millones de euros. Figuras, que no pueden decir el dolor, el terror y la desesperaci√≥n.

Imagen de Kirikiri una semana después del desastre

Imagen de la Marina de los Estados Unidos – dominio p√ļblico, compartida a trav√©s de Wikipedia

Los supervivientes tienen que seguir adelante y empezar a vivir de nuevo, pero ¬Ņc√≥mo, con esas im√°genes de la muerte todav√≠a en sus ojos?

Un trauma dif√≠cil de superar, que ha provocado un fen√≥meno casi colectivo: muchas de las personas que vivieron en las zonas m√°s afectadas contaron sus encuentros con los “esp√≠ritus del tsunami”. Y estos no son testimonios aislados, sino de much√≠simas personas que aseguran haber visto inquietantes figuras empapadas en agua vagando por la playa, por la calle, apareciendo incluso frente a la puerta de entrada, e incluso reflejada en el agua de los charcos.

Vista aérea de Ishinomaki el 18 de marzo de 2011

Imagen de la Marina de los Estados Unidos – dominio p√ļblico, compartida a trav√©s de Wikipedia

Un fen√≥meno que sin duda es atribuible a la desesperaci√≥n del duelo y al sentimiento de culpa que a menudo se apodera de los supervivientes, una forma indirecta de expresar un trauma que es dif√≠cil de procesar, pero no solo. Es algo que tiene que ver en parte con la superstici√≥n y en parte con la religi√≥n, al menos seg√ļn el escritor y periodista Richard Lloyd Parry, corresponsal en Jap√≥n del Times, con 18 a√Īos de vida en la tierra del sol naciente.

Vista aérea de Sendai el 12 de marzo de 2011

Imagen de la Marina de los Estados Unidos – dominio p√ļblico, compartida a trav√©s de Wikipedia

Parry es muy consciente de que las religiones organizadas, el budismo y el sinto√≠smo, no influyen mucho en la vida de los japoneses, principalmente de una cultura secular. Seg√ļn encuestas estad√≠sticas, Jap√≥n parece ser uno de los pa√≠ses menos religiosos del mundo, pero hay un aspecto espiritual profundamente sentido, a nivel privado, que es el culto a los antepasados.

En muchas casas hay peque√Īos altares, yo Butsudan, dedicado a los familiares fallecidos, incluso durante varias generaciones. Se les ofrecen peque√Īos obsequios, como flores, arroz, frutas, y durante las festividades por los muertos se encienden velas para dar la bienvenida a los esp√≠ritus ancestrales.
Parry confiesa que consideraba estos homenajes occidentales, simbólicos. En realidad, en la base de esos ritos hay un contrato, una especie de toma y daca: las ofrendas alegran a los muertos, quienes a cambio protegen a la familia y siguen formando parte de ella, consciente de las alegrías y dolores de cada acontecimiento. significativo.

Vista a√©rea de los da√Īos causados ‚Äč‚Äčpor el tsunami en la zona de Sendai

Imagen de la Marina de los Estados Unidos – dominio p√ļblico, compartida a trav√©s de Wikipedia

El tsunami tambi√©n destruy√≥ esa parte muy importante de la vida japonesa: el agua se llev√≥ la Butsudan, las tablillas conmemorativas, las fotograf√≠as guardadas en las casas, y luego los huesos de los muertos de los cementerios y los libros con los nombres de los antepasados ‚Äč‚Äčguardados en los templos. Sobre todo es sagrada la tablilla conmemorativa de cada difunto, laihai, que contiene su esp√≠ritu, lo primero que en caso de peligro se salva, incluso antes que dinero o documentos importantes, porque representa la vida. Muchas personas murieron en el tsunami al regresar a casa solo para obtener el ihai.

Ihai japonés

Imagen de dominio p√ļblico

Luego hay otro aspecto, no menos importante, sobre todo teniendo en cuenta la regi√≥n golpeada por el tsunami: el TŇćhoku es una periferia de Jap√≥n, un lugar donde las tradiciones rurales ahora perdidas en las grandes ciudades siguen vivas y lo sobrenatural es parte de la vida. donde todav√≠a existe una hermandad de mujeres cham√°n que se re√ļnen una vez al a√Īo en la entrada del inframundo, bajo el volc√°n Osare-san.

En esta regi√≥n hay muchos que creen que las personas que han muerto violentamente o antes de tiempo se vuelven gaki, “Fantasmas hambrientos” que vagan entre el mundo de los muertos y el de los vivos, trayendo miseria.

Representación japonesa de gaki

Imagen de dominio p√ļblico

Para aplacarlos existen rituales muy específicos, imposibles de realizar inmediatamente después del tsunami. A estos pobres espíritus inquietos se sumaban los de los antepasados, sin quien los honrara, prácticamente huérfanos de sus propios descendientes. Miles de personas habían muerto durante el tsunami y sus espíritus se cernían sobre las tierras devastadas, junto con otros que no podían descansar tranquilos en la otra vida, porque ya nadie podía honrar el pacto entre los vivos y los muertos.

Lugar de oración en la colina artificial de Hiyoriyama

Imagen del jefe Hira a través de Wikimedia Commons, con licencia CC BY-SA 3.0

‚ÄúEl dolor, la p√©rdida y la angustia de la gente surgieron‚ÄĚ, dijo Perry en una entrevista en 2014. ‚ÄúY lo que surgi√≥ despu√©s de unos meses fueron historias de fantasmas y eventos sobrenaturales hasta el punto en que casi parec√≠a una epidemia “.

Son innumerables los testimonios de apariciones fantasmales: taxistas que hablan de personas, siempre empapadas de agua, que piden que las lleven a lugares donde no queda nada. Uno de ellos, en la ciudad de Sendai, un día sube a su taxi a un hombre de rostro triste, que le da una dirección que no existe. A mitad de camino, el taxista se mira por el espejo y se da cuenta de que no hay nadie en el coche. Pero sigue su camino y llega frente a una casa de la que no queda nada más que los cimientos, sale y abre la puerta trasera, para dejar salir al pasajero invisible.

Luego est√° la historia de una anciana de Onagawa, que cada tarde tomaba una taza de t√© junto con los ocupantes de las “casas temporales” (prefabricadas post-terremoto) instaladas en la zona. Cuando se fue, hab√≠a un rastro de ella en la almohada mojada con agua de mar, pero nadie tuvo el coraz√≥n para decirle que estaba muerta. Sin olvidar las llamadas recibidas por los bomberos de la ciudad de Tagajo, provenientes de casas destruidas por el tsunami. Y fueron all√≠, entre esas ruinas, no para apagar incendios sino para orar por los esp√≠ritus de los muertos.

Un tren se arrastró a 200 metros de la estación Megawa, al pie de la colina, por el tsunami.

Imagen del jefe Hira a través de Wikimedia Commons, con licencia CC BY-SA 3.0

Parry, en su libro “Fantasmas del tsunami”, cuenta muchas de estas historias, incluidas las extra√≠das del testimonio de un sacerdote budista, Taio Kaneda, que tambi√©n tuvo que lidiar con personas aparentemente pose√≠das por los esp√≠ritus del tsunami.

Kaneda nunca le confes√≥ a Parry que cre√≠a o no en los fen√≥menos de posesi√≥n, porque en realidad lo √ļnico importante era que esas personas cre√≠an en √©l, y por tanto su sufrimiento era real.

Lo importante era sacar ese sufrimiento: ‚ÄúA la gente no le gusta llorar. Lo ven como algo ego√≠sta. Entre los que viven en hogares temporales, apenas hay alguien que no haya perdido a un miembro de su familia. Todo el mundo est√° en el mismo barco, por lo que no les gusta parecer autoindulgentes. Pero cuando empiezan a hablar, y cuando les escuchas, y sientes sus dientes apretados y su sufrimiento, todo el sufrimiento que no pueden y no quieren expresar, con el tiempo las l√°grimas vienen y fluyen sin cesar ‚ÄĚ.

Y hablan de apariciones fantasmales, de sue√Īos perturbadores, de sentimientos de malestar, hasta casos de posesi√≥n. A√ļn m√°s de dos a√Īos despu√©s del desastre, Kaneda estaba cuidando a los sobrevivientes y su dolor, llorando con ellos y por ellos, por las veinte mil almas que hab√≠an volado presas del terror.

¬ŅLos esp√≠ritus del tsunami encontrar√°n paz alguna vez?

Quiz√°s cuando este devastador duelo colectivo finalmente se resuelva, pero no antes, porque, como dice el Dr. Charles Figley, “los fantasmas, para algunos, son m√°s tolerables que el vac√≠o creado por la muerte”.

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